miércoles, 13 de diciembre de 2017

CALLE ESCULTOR ALFONSO BERRAQUERO GARCÍA


La calle Escultor Alfonso Berraquero García se encuentra en el barrio de la Pastora. Su recorrido comienza en la calle Escaño y finaliza en la calle Mariana de Pineda. Hasta el 26 de octubre de 2017 y desde que así fue aprobado en 1874, la calle ha tenido el nombre de Maldonado.
Hasta el año 1887, comenzaba en una pequeña plaza conocida popularmente como La Placilla, sobre la que se construyó el grupo escolar Manuel Rodán.


El día 12 de diciembre de 2107, el mismo día en que se cumple un año del funeral de Alfonso Berraquero en la Parroquia de la Pastora, ha sido descubierto el azulejo con el nuevo nombre de este vial que se le dedica como Hijo Predilecto de la Ciudad y como uno de sus más grandes artistas. Este azulejo que rotula la calle con su nueva denominación es obra de Antonio Luque. El cambio de nombre fue aprobado en pleno del día 26 de octubre de 2017. La antigua denominación de ésta, Maldonado, no se perderá de nuestro nomenclator ya que será la que sustituya a la actual Héroes de Simancas, cumpliendo con ello la Ley 02/2017 de 28 de marzo de Memoria Histórica de Andalucía y la Ley 52/2007 de 26 de diciembre de Memoria Histórica, por la que se reconocen y amplían derechos y establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil.


Azulejo que rotula la calle del escultor Alfonso Berraquero García. En el mismo figuran los escudos de los apellidos Berraquero y García, y los escudos de la Ciudad y de la Provincia.


En el primer tramo de esta calle se encuentra la Casa de Hermandad y almacén de la Cofradía del Ecce-Homo, que fue bendecida en agosto de 1992.



Fachada completa de la Casa de Hermandad y portada del almacén. Ocupando el terreno de la casa correspondiente al nº4 que se encontraba en ruinas a finales de la década de los ochenta, época en la que fue adquirida por la hermandad para su derribo y posterior construcción. En aquel tiempo la hermandad tenía su sede en la misma calle, en un local que había sido bodega, carbonería, carpintería, almacén de muebles y taller mecánico, según se cuenta en el libro "Calles de la Isla" de José Carlos Fernández.


Imagen de la acera izquierda del primer tramo de la calle, lo que fuera La Placilla y que ahora se encuentra totalmente ocupado por el colegio Manuel Roldán. Cuando hemos visitado la calle Escaño, Marconi y Santo Domingo, hemos aludido a este Grupo Escolar porque tiene fachadas a todas estas calles, ocupando una manzana completa.


Son destacables los cierros gemelos que posee la casa nº 14 y que hemos recogido en esta fotografía.


Muchas de las casas de la calle han tenido que ser restauradas, en algunos casos con mejor criterio que otros. Esta vivienda que hace esquina con la calle Marconi tiene una bonita terminación. Se han respetado los detalles propios de las casas isleñas, como los cierros, almenas y cornisa. Se ha pintado de rojo inglés, un color que hemos visto en muchas fachadas, aunque lo más utilizado es el blanco, o al menos lo era hasta ahora, porque a medida que se van restaurando casas se van utilizando más colores en las fachadas.


En la fachada de la casa que hemos comentado anteriormente, encontramos este azulejo dedicado a Nuestro Padre Jesús del Huerto, titular de la Venerable Hermandad y Cofradía de Penitencia de la Sagrada Oración de Nuestro Señor Jesucristo en el Huerto, María Santísima de Gracia y Esperanza Coronada y Beato Marcelo Spínola (El Huerto), que tiene su sede en la cercana iglesia de la Pastora, y su Casa de Hermandad en la calle Carraca.




En la casa nº 7, que se encuentra casi al final de la calle, tiene su sede la Asociación Cultural de Mujeres Pastoreñas. En la fachada vemos un azulejo dedicado a la Divina Pastora.


Fotografía del recorrido completo de la calle desde la calle Mariana de Pineda hasta la calle Escaño.


Como ya hemos comentado, el día 12 de diciembre fue descubierto el azulejo que rotula la calle con la nueva denominación. Al acto acudió la corporación municipal, familiares del homenajeado y numerosos amigos del mismo, así como aquellas personas y entidades promotores de este homenaje en el que se dedica una calle a Berraquero en el barrio de la Pastora y concretamente en este vial en el que se encuentra la casa de hermandad de Ecce-Homo.


Doña Patricia Cavada Montañés, alcaldesa de San Fernando, abrió el acto con un saludo a los presentes y unas palabras dedicadas al escultor Alfonso Berraquero. A continuación intervino el delegado de cultura Juan José Carreras.  El autor del azulejo, Antonio Luque, que estuvo presente en el acto, se encargó de descubrirlo junto con la alcaldesa.


Familiares de Alfonso Berraquero junto a la alcaldesa de San Fernando.

Este vial ha tenido la denominación de Maldonado desde el 25 de abril de 1874, desde aquel célebre cabildo municipal en el que se modificaron numerosos nombres del nomenclator de la ciudad. 
Anteriormente y desde sus orígenes, había tenido el nombre popular de San Onofre, sufriendo una nueva y oficial denominación acordada en cabildo de fecha 3 de mayo de 1873 (período de la 1ª República Española), en el que se decidió nombrarla calle Laurel.



Alfonso Berraquero García (n. San Fernando12 de septiembre de 1941 - † Cádiz11 de diciembre de 2016), imaginero y escultor.
En el año 2006 le fue concedida la Placa de Oro de la Provincia de Cádiz. El 3 de marzo de 2010 el título de Hijo Predilecto de San Fernando, que le fue entregado en el Real Teatro de las Cortes de San Fernando.
La ciudad de San Fernando cuenta en su patrimonio con  numerosas obras de este escultor, especialmente de tema religioso, para hermandades y cofradías de su Semana Santa.
Asimismo, también dejó algunas obras importantes de temática no religiosa.
Entre ellas se cita el mausoleo dedicado al célebre cantaor isleño José Monge Cruz, "Camarón de la Isla".


Y el Monumento a la Libertad de Expresión inaugurado en 2010 y que se encuentra frente al castillo de San Romualdo.


Placa situada en la peana del monumento.




martes, 26 de septiembre de 2017

PINTURAS EN EL CONVENTO DE SAN JOAQUÍN Y SANTA TERESA DE JESÚS





En esta entrada nos centramos en las pinturas que están situadas en el salón de actos del convento del Carmen; ya hemos visto en la publicación sobre la Iglesia conventual, las pinturas que se encuentran dentro del templo. Existen otras obras en el convento que aún no hemos podido fotografiar. Con motivo de la conferencia que tuvo lugar en este salón el día 21 de septiembre de 2017, dentro de los actos del 24 de septiembre, sobre la figura del Diputado en Cortes por Aragón en las sesiones celebradas en 1813,  D. Isidoro de Antillón y Marzo, tuvimos la oportunidad de hacer las fotografías de estas pinturas, fotos de poca calidad porque no tuvimos la precaución de llevar la cámara adecuada.


Acceso a la galería desde el claustro.


Galería que comunica el claustro y la puerta reglar con la sacristía.

El salón de actos tiene dos entradas, una desde el lateral del claustro y otra desde la galería que hemos visto en la foto anterior. Esta galería se divide en tres tramos mediante dos arcos de medio punto sobre pilares. El primer tramo accediendo desde el claustro, se encuentra cubierto con bóveda de cañón con lunetos, fruto de la restauración realizada en 1997, ya que anteriormente era de techo plano. El siguiente tramo que da acceso a la escalera se cubre también con la misma bóveda con arcos fajones que se apoyan en una cornisa con ménsulas.El último tramo presenta bóveda de aristas y decoración de yesería. 


En el suelo de la galería entre la puerta reglar y la entrada al salón de actos. Escudo de la Orden Carmelitana; otro escudo, con el anagrama mariano está en el suelo delante de la puerta de la sacristía.
El coro bajo, frente a la puerta reglar, se encuentra muy transformado. No conserva nada de su primitiva arquitectura, sobre todo desde que fue capilla del Santo Entierro, que abarcaba desde la puerta reglar hasta el fondo del coro bajo. En la actualidad, como ya hemos comentado, es el salón de conferencias o salón de actos del convento.


Niño dormido sobre la cruz, anónima, siglo XIX.

Esta pintura (85 x 113 c.) fue realizada para ocupar el banco de la Inmaculada Concepción, actualmente del Santo Entierro. Hoy día se encuentra en la galería, sobre la puerta de entrada al salón de conferencias, en un arco bajo la bóveda. Fue adquirido en 1859. Fue restaurada en 1997. Representa al Niño dormido sobre la cruz en un montículo que imita el Calvario. Viste túnica azul claro y va descalzo. Junto a la cruz aparece la corona de espinas y cinco querubines velan el sueño del Niño. 


Inmaculada Concepción, anónima, siglo XIX.

Esta pintura (102,5 x 73 cm.), con un espléndido marco tallado y dorado, se puede encuadrar en la primera mitad del siglo XIX. De pintor anónimo que ha seguido las directrices de Murillo y sus seguidores en este tema iconográfico. Se ha representado a la Virgen sobre el mundo, pisando la serpiente y apoyada en la media luna característica, vestida de blanco y azul, colores inmaculistas, según las normas que al respecto diera Francisco Pacheco del Río. Como es habitual, aparece rodeada de ángeles que portan atributos marianos: puerta, estrella, espejo, rosas, lirios, palma, barco, etc...Dos ángeles portan en la parte superior una filacteria donde se lee: TOTA PULCHRA EST MARIA.


Descendimiento, anónima, siglo XIX.

En este salón de conferencias encontramos cuatro pinturas que pertenecieron a la antigua capilla del Santo Entierro, que, como ya hemos comentado,  se encontraba en este mismo lugar. Las pinturas son: Descendimiento, Crucifixión, San Juan Evangelista y Magdalena, todas del siglo XIX, de mediana calidad y solo una está firmada.

El Descendimiento es junto a San Juan Evangelista, una de las mejores pinturas de este conjunto desigual. Esta pintura (147 x 107 cm.) se inspira en la obra de Rubens que se encuentra en la catedral de Amberes. En la obra del Carmen se ha invertido la composición. La pintura se resuelve  a través de una diagonal cuyo centro lo constituye la figura de Cristo (punto de interés) ya desclavado de la cruz. Los santos varones descuelgan a Cristo, que es recibido por Juan y las tres Marías a los pies. El colorido está bien armonizado, destacando los rojos de San Juan y azules de la Virgen y la Magdalena. El tema fue escogido por la Hermandad por ser el momento previo al entierro. 


 Crucifixión, anónima, siglo XIX.

La pintura (148 x 106 cm.) forma pareja con la anterior y es el momento previo a la muerte de Cristo, es una obra meramente devocional sin valor artístico.  Muestra a Cristo crucificado sobre el Gólgota;  al fondo se esboza la ciudad de Jerusalén; el cielo muy oscurecido siguiendo el relato evangélico.


San Juan Evangelista en Patmos, J. Márquez, siglo XIX.

Esta pintura (106 x 82 cm.) formando un óvalo, es una de las mejores pinturas decimonónicas del convento. Fue restaurada en 1998. Forma pareja con el lienzo de la Magdalena de la misma forma y medidas. Aparece un San Juan desterrado en la isla de Patmos, como se aprecia en el paisaje rocoso y los acantilados. Fue en este lugar donde escribió el Apocalipsis.  El apóstol está sentado, en teatral actitud, como si estuviera recibiendo la inspiración divina. Le acompaña como atributo característico el águila que sirve de atril al santo para escribir y porta la pluma en la mano derecha y un pliego en las rodillas. Sobre el suelo aparecen libros esparcidos. Se le ha representado joven y con barba. Vestido con túnica verdosa y manto rojo. Debajo del águila se encuentra la firma del autor que no se ha podido identificar.


La Magdalena, anónima, siglo XIX.

La pintura (107 x 80 cm.) es de mucha menor calidad que su compañero anterior. Representa a la discípula de Jesús según su iconografía habitual y que podemos ver también en la pintura del mismo tema situada en el ático del retablo de San Francisco.
Aparece como penitente en el interior de una gruta, en actitud de súplica. Su cabellera rubia cae sobre un velo blanco sobre los hombros. La túnica azul completa la indumentaria. Se apoya en una roca donde aparece la calavera, un libro y el tarro de perfume, sus atributos más usuales. 


Pintura en el ático del retablo de San Francisco. Iglesia del Carmen.


Santa Rita, anónima, segunda mitad siglo XIX.

Esta pintura de Santa Rita y una de San Rafael, fueron adquiridas en 1863 y 1870 respectivamente, por el padre Almeyda para el templo carmelitano. La pintura de Santa Rita (162 x 122 cm.), restaurada a finales del siglo XX. Representa a la santa de pie rodeada de nubes con ángeles que portan atributos relacionados con la vida de la monja agustina. Viste el hábito de la orden y porta en su mano un crucifijo al que dirige la mirada. La pintura se caracteriza por una pincelada suelta, así como un dibujo correcto. En la gama cromática prevalecen los ocres y oscuros, destacando solo los azules de la parte superior y los dorados que rodean la figura. Esta pintura se encontraba en uno de los muros de acceso a la capilla del Sagrario. 


San Pedro, Carmen Moreno Sánchez, 1888.

La pintura de San Pedro (111 x 82 cm.) está firmada en el ángulo superior derecho por Carmen Moreno y Sánchez, 1888. Pintura inspirada en otra del mismo tema que se encuentra en la Iglesia de San Francisco debida a Muñóz de la Vega. Representa al santo de medio cuerpo, con la cabeza elevada dirigiendo la mirada a las alturas manteniendo el tipo rudo y fuerte que representa al apóstol. Entre las manos las lleves del Reino de los cielos. Es una pintura de colores vivos. 


San Blas, anónima, siglo XIX.

Esta pintura (93 x 74,5 cm.) es de escasa calidad, más bien es una obra devocional que presenta la inscripción: "S. Blas OB. Mr.". Aparece representado con atributos episcopales como la mitra y el báculo, ya que fue obispo de Sebaste en Armenia, y la palma, debido a su martirio en tiempos de Diocleciano. 

Estas pinturas fueron adquiridas por el padre Almeyda en la década de los ochenta del siglo XIX.


San Pablo, Agustín G. Lobatón,  1881.


La pintura de San Pablo (111 x 82,5 cm.) presenta una gran fuerza expresiva. El apóstol viste un manto ocre y porta un libro haciendo referencia a las numerosas cartas, y una espada símbolo de su martirio. Aparece anciano, con el cabello y la barba largos. 



San Jerónimo, Agustín G. Lobatón, 1881.


Pintura (111 x 83 cm.) dedicada a uno de los grandes padres y doctores de la Iglesia, traductor de la Biblia hebrea y griega al latín, denominada la Vulgata, que concluye en Belén, lugar donde muere en 420. Se retiró al desierto de Siria y vivió como anacoreta, y es esa la imagen que se representa en la pintura. Aparece de medio cuerpo, semidesnudo, envuelto en un manto rojo que le cubre también la cabeza; se le representa anciano, con larga cabellera y barba blancas, dirigiendo la mirada hacia la izquierda. La mano izquierda sobre el pecho y un libro en la derecha que representa la Vulgata. Le representan otros signos como la cruz y la calavera.

Estas dos pinturas presentan la siguiente inscripción en el reverso: "Propiedad de Sor. Dn. Agustín Geronimo Lobatón y de sus herederos. Julio 16,1881". A esto se une la firma que poseen en la parte inferior de ambas: "Agustín G. Lobaton 1881". Se trata de uno de los bienhechores del Carmen, hay una imagen de santa Filomena, hoy día situada en el antecoro que también es de su propiedad. 
En estas pinturas coinciden autor y propietario, pudiéndose tratar de un pintor aficionado destacable, pero no figura entre los pintores decimonónicos gaditanos que se conocen. Dota sus obras del realismo que aparece en obras del último tercio del XIX.


Santa Lucía, escuela napolitana, siglo XVII.

Pintura (70 x 57 cm.) al óleo sobre lienzo de gran calidad. Estuvo situado en una de las pilastras del templo como aparece citada en el inventario de 1856 y 1879. En la parte posterior del lienzo hay una inscripción: "Este cuadro y Sta. es de Dª. Mª. Bn. Del Alcázar y Barrios la que pone para que tenga Culto por el tiempo de su boluntad y la de sus herederos en este altar de Ntra. M. de los Dolores por ser propio de su primo Dn. M.orario Máques de Gracia Alegre y capitán de Fragata de la Real Armada". 
Las características de la obra permiten encuadrarla dentro de la escuela italiana, concretamente de la napolitana. Representa a la santa casi de medio cuerpo, inclinando la cabeza hacia atrás en un movimiento leve y elevando la mirada hacia arriba. Sostiene en sus manos el atributo habitual de su iconografía: un plato con los dos ojos que recuerdan su martirio. La santa aparece ataviada con vistosas telas. la luz que ilumina la pintura aparece desde arriba por el lado derecho hacia el que mira la figura. Fue restaurada a finales del siglo XX. 


San José, escuela genovesa del seiscientos.

Otra pintura excepcional, que forma conjunto con la anterior, es la de San José. Se ha representado al patriarca de medio cuerpo, con la cabeza elevada dirigiendo la mirada hacia arriba. Porta la vara florida en la mano derecha, y apoya la izquierda en el pecho en señal de adoración. La luz llega de la parte superior. El santo está representado en edad madura, con cabello y barba canosos. Viste túnica azulado, abierta en el pecho, y manto ocre que se recoge bajo en brazo izquierdo. Esta pintura (76 x 64 cm.) está encuadrada en la escuela genovesa del seiscientos. 


San Ignacio de Loyola, anónima de finales del siglo XVII.

Fundador de la Compañía de Jesús, canonizado el mismo año que San Felipe Neri, 1622. En su iconografía se representa siempre con la frente clava, nariz afilada y aguileña y barba rasurada. En este lienzo mira directamente al espectador. Viste la usual sotana negra y porta un libro donde aparecen los atributos más característicos de la compañía: el IHS rodeado de rayos y la divisa AD MAIOREM DEI GLORIAM. El libro puede aludir a las reglas de la compañía. 


San Felipe Neri, anónima de finales del siglo XVII.

San Felipe Neri es el fundador de la congregación del Oratorio. Viste sotana y camisa blanca. En su iconografía suele aparecer en éxtasis, y así aparece en esta pintura, mirando al cielo. Cabello y barba corta blancos. Las manos en el pecho en señal de adoración están magistralmente tratadas. 

Estas pinturas fueron adquiridas por el padre Almeyda en noviembre de 1870, según consta en el libro de gastos. Las pinturas fueron ampliadas de su tamaño original como se aprecia claramente en los lienzos, posiblemente para hacer conjunto con otras que ocuparon pilastras en el templo. Ambas pinturas (98 x 74 cm.) pueden datarse a finales del siglo XVII, mostrando una gran maestría en la ejecución de los rostros que constituyen el centro de atención de las obras. 


Salón de conferencias. 

Debido al acto que iba a tener lugar en el salón de actos, se habían colocado las banderas y el atril con un azulejo en honor del personaje al que se dedicaba la conferencia y que fue regalado por el Ayuntamiento de Santa Eulalia del Campo (Teruel), al Ayuntamiento de San Fernando para ser colocado en la ciudad donde estuvo alojado el diputado homenajeado. También queda cubierto con la pantalla de proyecciones, un escudo de la Orden labrado en madera que decora el fondo de la sala. 



jueves, 24 de agosto de 2017

CLAUSTRO DEL CONVENTO DE SAN JOAQUÍN Y SANTA TERESA DE JESÚS



El claustro es el centro en torno al cual se organizan todas las dependencias del convento. Es la pieza más bella del conjunto, considerada una espléndida obra por su equilibrio y armonía donde se supo aprovechar con maestría la luminosidad de esta tierra.  Se comenzó a construir en 1724 y se concluyó en 1730. Originalmente solo dispuso de la planta baja siguiendo el modelo usual de la orden, cuya base es el que San Juan de la Cruz construyó en Granada en 1583, donde se impuso como norma no edificar piso alto, pero en 1781 se edificó el segundo piso por necesidades de la comunidad. 
Pertenece a la nueva traza de fray Bartolomé de San Pablo, que se encargó del proyecto del nuevo convento. Este tracista supo aunar la tradición de la orden con una innegable creatividad personal, aprovechando los materiales de que disponía la comunidad gracias a la generosidad de los bienhechores. 
Se comienzan las obras del claustro bajo en priorato de fray Julián de San Joaquín (1724-1727), y corresponde al siguiente prior, fray José de la Concepción, la conclusión del magnífico claustro conventual, en el que se gastaron "tres mil quatrocientos y cincuenta pesos escudos de plata". En el coste iba incluida la decoración del mismo, que no se ha conservado, como los veintiún lienzos con la vida de San Juan de la Cruz para los lunetos y los cuatro altares con sus pinturas y frontales de jaspe. El tejado del claustro se arregló definitivamente siendo prelado fray Marcelo de San Francisco (1739-1741). 
Dos brocales de mármol con un sencillo herraje se sitúan en el centro del claustro.


Está formado por cuatro crujías que se componen de cinco arcos cada una que descansan en columnas de orden toscano de mármol blanco. Las columnas se encuentran dispuestas sobre un pedestal corrido. 


 Al exterior,  los arcos presentan una pequeña ménsula en la clave, y en las enjutas decoración de puntas de diamante. Por encima se sitúa el entablamento cuyo friso presenta sucesión de triglifos con volutas laterales, en eje con la clave de los arcos y con las columnas, y pequeños vanos circulares.


El piso alto destaca por su extrema sencillez, mostrando los parámetros tres ventanas en cada lado; se remata con una leve cornisa y la sucesión de merlones típicos de los pretiles de las azoteas de la Isla.


Cubierta de la nave central y cruz que remata el frontón de la fachada de la Iglesia. Vemos el merlón que está situado en una esquina de los pretiles del piso alto del claustro, que presenta pilar cuadrado con una pequeña moldura pintada en marrón que lo adorna; otra moldura, pintada del mismo color, más ancha, queda situada bajo la base que está rematada por un adorno terminado con una bola, como los que figuraban en la antigua fachada de entrada al convento.


El interior se cubre con bóvedas de cañón con lunetos divididas en tramos por arcos fajones, que apoyan de un lado en las columnas y de otro en una cornisa, y ménsulas de recortado dibujo geométrico. Los tramos centrales de la bóveda están decoradas con motivos geométricos de yesería. 


Altar de Santa Teresa de Jesús, Antonio M. Alías de la Torre, 1997.

En el interior del claustro se disponen cuatro altares que no han conservado su decoración original, habiéndose sustituido los frontales de jaspe por azulejos sevillanos con una cartela central donde figura la imagen del titular del altar. Las pinturas que había dentro del arco se han sustituido por murales cerámicos con la imagen del titular de cada altar.


Los altares se estructuran mediante un arco de medio punto. En la parte baja sobresale la mesa de altar que, como ya hemos comentado, al principio tuvo un frontal de jaspe que en una de las restauraciones fue sustituido por los azulejos sevillanos. 


Altar de Nuestra Señora del Carmen.


Todo el claustro está rodeado por un zócalo de azulejos con motivos geométricos de inspiración mudéjar, con escudos de la orden en los que se ha insertado el escapulario.


Escudo de la Orden en el zócalo del claustro.


Altar de San Juan de la Cruz, Antonio M. Alías de la Torre, 1997.

El frontal de los altares es idéntico en los cuatro que ocupan las esquinas del claustro, excepto por la imagen que figura en la cartela central que muestra al titular del altar.


En la restauración del claustro, realizada en 1997, siendo prior el P. Francisco J. Jaén Toscano, se ornamentaron tres de los altares con murales cerámicos que representan a San José, Santa Teresa y San Juan de la Cruz, obras de Antonio M. Alías de la Torre y que están inspirados en las imágenes del templo. En el otro altar, se ha sustituido el frontal del Carmen por una vidriera de la Patrona de la Isla.


Altar de San José, Antonio M. Alías de la Torre, 1997.


Los murales cerámicos enmarcan la imagen del titular, siguiendo el hueco de medio punto, con una moldura cerámica cargada de motivos vegetales similares a los del borde del frontal de la mesa de altar.


Cubierta de la bóveda central y nave del crucero.

El convento de San Joaquín y Santa Teresa de Jesús ocupa el centro de la Isla, así quedaba explicado en un informe elaborado en abril de 1751 por el prior fray Juan de San Andrés con vista a cumplimentar los datos solicitados por la denominada junta para la única contribución: "El sitio de este convento está colocado en el centro mismo de la Ysla por quanto dista un quarto de legua de el Puente de Zuazo y otro quarto de legua de la Alcantarilla que por la longitud de los dos extremos que la siñen: Y que por la latitud se halla dicho convento en ygual distancia de las orillas de el mar de la Baía de Cádiz, entre Poniente y Norte, y, por entre Oriente y mediodía, de el Río grande nombrado de Sancti Petri que baxa a yncorporarse con dicha Baya por el Puente de Zuazo; pero, aunque por dicha situación está en el referido centro, es, no obstante, casi el último de esto que se llama poblado porque, aunque desde el convento hasta la referida Alcantarilla ay algunas caserías bastantemente separadas unas de otras, en el conjunto de las casas es casi la última como queda expresado".